Si la historia de la selección mexicana pudiera escribirse con un solo tiempo verbal, sería el pretérito perfecto simple. El quisimos, el pudimos y el hicimos se han convertido en el refugio de una historia que, cada cuatro años, se escribe con la tinta de las oportunidades perdidas. Son verbos que miran hacia atrás, evocan el esfuerzo, la intención y la cercanía con el éxito, pero también cargan con el peso de una historia en la que el triunfo definitivo nunca termina por llegar.
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Cada cuatro años el relato vuelve: pudimos hacerle un gol, hicimos las cosas bien, quisimos competir de tú a tú. Las palabras encuentran un consuelo donde el marcador solo deja un salón lleno de gente, pero donde el verdadero protagonista es el silencio; un silencio tan abrumador que pesa, que destruye. No se ve, no se escucha, pero se siente en el corazón, en la cabeza y en el ambiente. Un silencio que no permite escuchar ni ver más allá de los 90 minutos.
Sin darnos cuenta, con ese silencio que abraza, parecido al abrazo que sigue a un gol, aparece el casi, que cada cuatro años se ha convertido en una tradición, en una palabra que el mexicano solo sabe explicar cuando habla de su selección. Casi por un penal, casi por un tiro libre, casi por una atajada del portero. El casi dejó de ser una excepción para convertirse en una costumbre, en una tradición que se repite en cada casa mexicana.
Quizá el verdadero desafío de la selección no esté solo en ganar partidos o clasificar a los octavos de final, sino también en cambiar la gramática de nuestra propia historia. Cambiar el pudimos por el logramos, el quisimos por el cumplimos y el hicimos por el trascendimos. Porque nadie es recordado por casi lograr algo. Las grandes hazañas nacen de los hechos, no de las posibilidades. Es momento de dejar de decir por lo menos les competimos de tú a tú y comenzar a construir una narrativa en la que ya no se cuenten las oportunidades desperdiciadas, sino las certezas alcanzadas.
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Así como el pretérito perfecto simple ha narrado las derrotas de generaciones enteras, la eliminación de hoy también nos brinda la oportunidad de comenzar una historia distinta. Quizá esa historia ya empezó con un grupo de jóvenes que, durante un mes, nos recordó que la edad es solo un número y que el talento no entiende de experiencia. Gracias, Morita. Gracias, Obed, Hormiga, Gracias, muchachos. Porque ustedes pueden ser la generación que cambie esta triste narrativa. Ustedes pueden transformar el quisimos en lo hicimos, el pudimos en lo logramos y el casi en una realidad.
Porque hay que dejar de contar lo que estuvo cerca y empezar, por fin, a escribir aquello que parecía imposible. Lo que se logra es lo que permanece en la memoria. Lo que se conquista es lo que verdaderamente hace historia.
GRACIAS, MUCHACHOS. GRACIAS POR ESTE SUEÑO, POR HACER QUE TODO UN PAÍS VOLVIERA A ILUSIONARSE. AHORA TOCA CAMBIAR LA NARRATIVA. DEJAR ATRÁS EL “CASI”, EL “PUDIMOS” Y EL “QUISIMOS”. QUE LA PRÓXIMA VEZ LA HISTORIA SE ESCRIBA EN OTRO TIEMPO VERBAL: EL DEL “LO LOGRAMOS”.
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