Argentina e Inglaterra se enfrentarán el miércoles 15 de julio, a las 3:00 p.m. ET, en Atlanta, por un lugar en la final del Mundial 2026. Sobre el césped estarán Lionel Messi, Harry Kane, Jude Bellingham y una generación argentina que busca defender el título. Alrededor del campo, sin embargo, aparecerán seis décadas de polémicas, heridas políticas y recuerdos que convirtieron este cruce en uno de los más intensos del fútbol internacional.
El entrenador argentino Lionel Scaloni intentó reducir la temperatura al asegurar que solo está en juego un partido de fútbol. La historia cuenta algo diferente: cada enfrentamiento mundialista entre ambos países ha terminado incorporándose a una memoria colectiva construida con expulsiones, acusaciones de trampa, penales, revancha y nacionalismo.
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Una rivalidad que comenzó antes de Malvinas
La tensión deportiva se instaló en el Mundial de 1966. Inglaterra eliminó 1-0 a Argentina en los cuartos de final disputados en Wembley, en un partido marcado por la expulsión del capitán argentino Antonio Rattín.
Rattín sostuvo que no comprendía la decisión del árbitro alemán Rudolf Kreitlein y se negó inicialmente a abandonar el campo. La confusión provocada por aquel episodio fue uno de los antecedentes que impulsaron la creación de las tarjetas amarilla y roja para comunicar las sanciones sin depender del idioma.
La Guerra de las Malvinas cambió el significado
Entre abril y junio de 1982, Argentina y el Reino Unido libraron una guerra por la soberanía de las islas denominadas Malvinas en Argentina y Falkland Islands en el Reino Unido. El conflicto terminó con la victoria británica, pero dejó muertos, veteranos, familias afectadas y una disputa territorial que continúa abierta.
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Cuatro años después, ambos países se encontraron en los cuartos de final del Mundial de México 1986. Aunque oficialmente se insistía en separar deporte y política, para millones de argentinos era imposible observar el encuentro sin recordar la guerra.
Diego Maradona lo reconoció posteriormente al describir aquella victoria: “Fue como ganarle a un país, no a un equipo de fútbol”. En su relato, el encuentro representó una forma simbólica de revancha por los jóvenes argentinos muertos durante el conflicto.
La Mano de Dios y el mejor gol del siglo
El partido de 1986 condensó las dos caras de Maradona en apenas cuatro minutos. Primero abrió el marcador utilizando la mano para anticipar al portero Peter Shilton, en una acción que el árbitro no detectó y que fue bautizada como la “Mano de Dios”.
Después recibió la pelota en su propio campo, superó a cinco futbolistas ingleses y marcó una obra que posteriormente sería reconocida como el Gol del Siglo. Argentina ganó 2-1 y avanzó hacia un título mundial que elevaría a Maradona a la categoría de mito.
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Para Argentina, aquel partido quedó como una mezcla de talento, rebeldía y reparación simbólica. Para Inglaterra, la mano continúa representando una de las mayores injusticias arbitrales en la historia del Mundial. El hecho de que el mismo protagonista cometiera una infracción evidente y minutos después produjera una jugada perfecta hizo imposible separar la admiración del resentimiento.
Beckham, Simeone y otra herida inglesa
La rivalidad regresó en los octavos de final de Francia 1998. Michael Owen marcó uno de los mejores goles de su carrera y Javier Zanetti empató mediante una jugada preparada, pero el episodio que definió el encuentro ocurrió al comienzo de la segunda mitad.
Después de recibir una falta de Diego Simeone, David Beckham respondió con una patada mientras permanecía en el suelo. Simeone cayó, el árbitro expulsó al inglés y Argentina terminó clasificándose mediante una tanda de penales. Beckham regresó a su país convertido en el principal culpable de la eliminación y recibió una presión pública que trascendió completamente el deporte.
Cuatro años después, Beckham obtuvo su revancha. Marcó de penal el gol con el que Inglaterra derrotó 1-0 a Argentina durante la fase de grupos de Corea-Japón 2002. La celebración inglesa tuvo el tono de una reparación personal y colectiva después del trauma de 1998.
Messi jugará el partido que le faltaba
La semifinal de 2026 tendrá además un componente inédito: será el primer partido de Lionel Messi contra Inglaterra con la selección argentina. Después de más de dos décadas de carrera internacional, el capitán había enfrentado a prácticamente todas las grandes potencias excepto a los ingleses.
Messi llega con 39 años y con la posibilidad de disputar su última Copa del Mundo. Del otro lado estarán Kane y Bellingham, responsables de 12 de los 13 goles de Inglaterra durante el torneo y líderes de una selección que busca regresar a la final mundialista por primera vez desde 1966.
Una camiseta cargada de historia
Antes de esta semifinal, Argentina e Inglaterra se habían enfrentado cinco veces en Copas del Mundo. Inglaterra ganó en 1962, 1966 y 2002; Argentina se impuso en 1986 y clasificó por penales después del empate de 1998. Ninguno de esos encuentros fue olvidado rápidamente.
Por eso el duelo de Atlanta no será una repetición de la Guerra de las Malvinas ni debería presentarse como una batalla entre pueblos. Los futbolistas actuales no son responsables de aquel conflicto y ambos cuerpos técnicos han intentado evitar un discurso nacionalista.
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