José Mourinho comenzó su segunda etapa en el Real Madrid con dos victorias consecutivas. Después del 2-1 contra Espanyol, el conjunto blanco derrotó 4-1 a Real Sociedad y mostró varias señales de la transformación impulsada por el entrenador portugués.
El primer cambio está relacionado con su personalidad. Mourinho regresó 13 años después con una actitud más serena, calculadora y analítica. El técnico mantiene su exigencia, pero pretende reducir las confrontaciones públicas y escuchar más a sus futbolistas antes de tomar decisiones.
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Esa evolución también modifica su relación con la presión. Mourinho defendió a Vinicius frente a los abucheos, protegió al equipo después de una complicada primera mitad contra Real Sociedad y utilizó las críticas del Bernabéu como motivación en lugar de comenzar una disputa con los aficionados.
El segundo cambio ocurre dentro del vestuario. El entrenador recuperó las comidas grupales, estableció menús controlados por nutricionistas y sustituyó las multas económicas por consecuencias deportivas. Los jugadores que lleguen tarde pueden ser enviados a trabajar separados del grupo.
Mourinho busca reconstruir la convivencia después de una temporada marcada por conflictos entre futbolistas. Su regla principal consiste en proteger la privacidad del vestuario y colocar al equipo por encima de los intereses individuales, sin importar el nombre o la condición de cada jugador.
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El tercer cambio es táctico. El portugués abandonó parcialmente el doble pivote físico que caracterizó su primera etapa y ahora utiliza futbolistas más técnicos junto al mediocentro defensivo. Bernardo Silva y Arda Güler pueden retrasar su posición, mientras Jude Bellingham recibe mayor libertad para acercarse al área.
Los resultados iniciales respaldan la idea. Carlos Espí salió del banquillo para decidir el partido contra Espanyol y Marc Cucurella cambió el encuentro frente a Real Sociedad. Después de una primera mitad complicada, Madrid aumentó la presión, atacó con mayor velocidad y terminó ganando con tres goles de Kylian Mbappé y uno de Vinicius.
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Dos jornadas todavía son insuficientes para medir el proyecto, pero los tres cambios ofrecen razones para creer: un Mourinho menos explosivo, un vestuario con mayor control y un equipo tácticamente más flexible. La primera meta será convertir esas señales en el regreso de los títulos.