En el Barcelona se votó por el presente, no por la nostalgia. La reelección de Joan Laporta como presidente del club dejó una lectura incómoda para los románticos ya que si alguien esperaba que las urnas se convirtieran en un plebiscito para “rescatar” a Lionel Messi del exilio, el socio eligió otra cosa. Con más del 68% de los votos, Laporta seguirá al mando y arrancará un nuevo mandato desde el 1 de julio, con la obra del Camp Nou y la competitividad del primer equipo como prioridades inmediatas.
Eso es lo que vuelve espinosa la pregunta debido a que Messi y Laporta llevan tiempo caminando con una grieta visible. El propio presidente admitió en una entrevista con Catalunya Ràdio que la relación está “perjudicada” y hasta contó un episodio tenso con el argentino en la gala del Balón de Oro. En campaña, la “sombra de Messi” fue real y Víctor Font lo usó como comodín, ofreciéndole incluso una presidencia de honor y alimentando la idea de un “last dance” para cerrar su historia en el club.
Esto fue tema de debate en el podcast Camino al Fútbol, de Unanimo Deportes (descárgalo ya en iHeart) y allí Kenneth Garay y Diego Cora discutieron sobre el alcance de la elección. “Se escogió el escudo, por encima del nombre”, aseguraron.
Y es que el socio no compró ese anzuelo como tema central. Laporta arrasó y el propio club lo celebró como un respaldo a la “estabilidad” de estos cinco años. El mensaje es tajante en la política interna: con el Barça en reconstrucción económica y deportiva, la masa social prefirió continuidad y gestión antes que una apuesta emocional alrededor de Messi, por más que el nombre siga siendo sagrado en el Camp Nou.
¿Significa que a los hinchas “ya no les importa” Messi? No necesariamente. Más bien significa que lo separaron del voto porque una cosa es querer su homenaje y su lugar en la historia, y otra es condicionar una elección presidencial a un regreso que ya ha sido fuente de ruido y reproches. De hecho, tras ganar, Laporta volvió a tenderle la mano públicamente y habló de tributo y estatua; pero la urna ya había dicho lo esencial: el Barça, en 2026, votó con la cabeza antes que con el corazón.