En un Mundial, el espectáculo no empieza con el pitazo inicial, empieza mucho antes, cuando se decide cómo se vende la historia, cómo se mueve a los fans y cómo una ciudad se convierte en una “capital mundialista”. En ese tablero, Bettina Garibaldi juega en primera línea. La ejecutiva argentina es la Jefe de la Oficina de Comunicaciones y Marketing del Mundial 2026 para el Comité Organizador en New York y New Jersey, el responsable de activar la región que, además, tendrá el partido más importante: la final. Y en el Mes de la Mujer gana toda la atención, precisamente en un año definitivo para el fútbol mundial
Su cargo no es decorativo porque es poder puro. Según el propio Host Committee, Garibaldi lidera marketing, branding y estrategias de comunicación para impulsar visibilidad, reputación y crecimiento del evento en NY/NJ, además de marcar el rumbo de la fan experience y el vínculo con la comunidad. Traducido a lenguaje de cancha: su trabajo es lograr que el Mundial se sienta en la calle, que la gente lo compre como experiencia y que el impacto quede instalado mucho después del último partido.
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La ruta que la llevó a ese rol tiene un sello muy claro y es un trabajo de marca, audiencia y multiculturalidad. PRWeek, fuente líder mundial de noticias, análisis y opiniones para el sector de las relaciones públicas, la describió como hija de un diplomático argentino, criada entre países y culturas, desde la Argentina pasando por Australia, Filipinas y EE. UU., una formación que hoy encaja perfecto con un Mundial que se vive en varios idiomas y con públicos distintos. NYU también destaca ese perfil global y bilingüe (inglés/español), clave en un mercado como el de Nueva York–Nueva Jersey.
Antes de ponerse la camiseta del 2026, Garibaldi construyó carrera en la industria de comunicaciones y campañas integradas. Diversas biografías del sector la ubican como figura de peso en Ketchum (consultoría global de comunicación), con trabajo en marketing y relaciones públicas para destinos y marcas, lo que fue un entrenamiento ideal para lo que pide una Copa del Mundo, sobretodo para coordinar actores, medios, audiencias y reputación bajo presión.
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Por eso su perfil importa para el especial del Mes de la Mujer: porque muestra un tipo de liderazgo que el fan a veces no ve, pero que define el Mundial tanto como una estrella en la cancha. En 2026, cuando el planeta mire a Norteamérica, habrá muchas protagonistas; Garibaldi será una de las que “manda” sin uniforme, desde la trinchera donde se decide qué historia se cuenta y cómo se vive la Copa en la región más mediática del torneo.