El clásico capitalino entre Olimpia y Motagua volvió a dejar una postal devastadora para Honduras y su fútbol. Antes de que rodara la pelota en el Estadio Nacional Chelato Uclés, las afueras del recinto se convirtieron en un campo de batalla entre barras, con piedras, palos, detonaciones y vehículos dañados en medio del caos. El saldo oficial confirmó heridos y un clima de terror que terminó devorando por completo la previa de uno de los partidos más grandes del país.
Pero más allá de la violencia de los hinchas, lo que terminó encendiendo la indignación fue la respuesta de las autoridades. La crítica que empezó a crecer en Honduras fue durísima: que la Policía, más que controlar la situación, terminó viéndola desbordarse. Un medio local llegó a calificar el operativo como un “fracaso” alarmante y sostuvo que la reacción policial fue tardía y sin capacidad real de contención, pese a que la propia vocería de la institución aseguró que se había desplegado un contingente de entre 650 y 700 agentes en cinco anillos de seguridad alrededor del estadio.
¡Vergüenza total!Violencia, balacera y un herido obligan a cancelar el clásico Olimpia vs. Motagua. pic.twitter.com/kG74enl0wC
— Diario El Heraldo (@diarioelheraldo) April 12, 2026
Este fue uno de los temas de conversación en el podcast El Bar Deportivo, de Unanimo Deportes (descárgalo ya en iHeart), y allí se evaluó, entre otras cosas, lo que fue la actuación policial durante los disturbios. Diego Cora y Elmer Polanco hablaron con mucha incredulidad sobre cómo los Policías y miembros del Ejército se dedicaron a ser espectadores del bochornoso incidente entre las hinchadas.
Los hechos, además, dejaron imágenes demasiado serias como para reducirlo a una simple pelea de barras. La Secretaría de Seguridad informó que al menos dos civiles y un funcionario policial terminaron bajo observación médica, mientras reportes de prensa local hablaron de personas heridas por impactos de bala y de daños a buses, carros de delegaciones y vehículos oficiales, incluido el del árbitro Said Martínez. Es decir, no fue sólo un episodio de desorden: fue una falla de seguridad que alcanzó a aficionados, prensa, policía y protagonistas del propio espectáculo.
La Policía emitió después un comunicado en el que condenó los actos vandálicos y prometió investigaciones para identificar a los responsables, mientras desde Olimpia, Eduardo Espinel resumió el sentimiento de la noche con una frase que pesó más que cualquier análisis táctico: “Fue una noche muy triste para el fútbol hondureño”.
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