Fue una exhibición de realismo puro: mientras el Barça se hundía en un mar de pases sin sentido, el Atleti fue un martillo pilón que castigó cada error con una frialdad aterradora.
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La debacle culé tuvo un prólogo desafortunado apenas al minuto 7′. Un error garrafal del guardameta Joan García facilitó la apertura del marcador; un infortunio que desplomó el plan de juego blaugrana y dio alas a un Metropolitano que olió la sangre desde el inicio. Con el marcador en contra, el Barça se aferró a una posesión estéril que solo sirvió para que el Atleti robara y castigara.
Antes de que el Barcelona pudiera asimilar el primer golpe, la contundencia local los borró del mapa:
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Antoine Griezmann aplicó la “ley del ex” al 14′, definiendo con maestría para el 2-0.
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Ademola Lookman amplió la renta al 33′ tras otra transición letal.
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Julián Álvarez cerró la cuenta en el tiempo de descuento de la primera mitad (45+2′), sellando un 4-0 que dejaba la eliminatoria prácticamente sentenciada en solo 45 minutos.
Las estadísticas son el fiel reflejo de un equipo que no jugó a nada: el Barcelona tuvo un abrumador 65% de posesión y completó 613 pases (92% de precisión), pero fue una tenencia vacía, sin profundidad. El Atlético, con apenas el 35% de la pelota, fue infinitamente más peligroso con sus 6 remates al arco.
Para colmo de males, la frustración defensiva terminó en drama. Al minuto 85′, Eric García vio la tarjeta roja directa al derribar a un atacante rojiblanco siendo el último hombre, cortando una ocasión manifiesta de gol. El Barça no solo se llevó cuatro goles en la maleta, sino que perdió a su central para una vuelta que hoy parece una misión imposible.
