Durante mucho tiempo, el rol del atleta negro en el deporte profesional estuvo limitado al rendimiento dentro del campo. Ganar, entretener y pasar al siguiente partido. Pero esa narrativa empezó a romperse cuando algunas figuras entendieron que el verdadero poder no estaba solo en anotar puntos o levantar trofeos, sino en controlar la marca, el dinero y las decisiones. En el marco del Black History Month, esa transformación ayuda a explicar por qué hoy el deporte es también un espacio de negocios, propiedad y liderazgo.
Antes de hablar de franquicias y empresas, el primer paso fue el control de la imagen. Atletas afro como Muhammad Ali entendieron temprano que su nombre tenía valor más allá del ring. Negociar bolsas, hablar directamente al público y construir una identidad propia fue un acto empresarial antes de que el término “branding personal” existiera. Ese cambio abrió la puerta para que el atleta dejara de ser solo un empleado y empezara a verse como un activo independiente.
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Michael Jordan y el modelo que lo cambió todo en USA y el mundo
El salto definitivo llegó con Michael Jordan. Su alianza con Nike no solo creó la línea más influyente en la historia del deporte; redefinió la relación entre atleta y empresa. Jordan pasó de ser patrocinado a convertirse en socio estratégico, demostrando que un deportista podía generar una industria alrededor de su figura. Ese modelo se convirtió en referencia para generaciones posteriores, incluidas muchas figuras latinas que hoy entienden el deporte como plataforma empresarial.
La evolución natural fue la propiedad. Jordan volvió a marcar un hito al convertirse en propietario mayoritario de una franquicia NBA, rompiendo un techo que durante décadas parecía inaccesible. En la NFL y la NBA, figuras negras comenzaron a ocupar espacios en juntas directivas, fondos de inversión y estructuras ejecutivas, cambiando la conversación: ya no se trataba solo de cuánto ganaban jugando, sino de cómo participaban en la toma de decisiones.
El efecto dominó en el deporte actual
Este cambio no se quedó en una élite. La herencia negra en el negocio del deporte influyó en cómo hoy los atletas negocian contratos, crean productoras, lanzan marcas de ropa, invierten en tecnología y participan en medios. El deportista moderno, negro, latino o de cualquier origen, opera bajo una lógica que nació de esa lucha por el control económico: entender que el retiro no es el final, sino el inicio de otra carrera.