New York Mets comenzó la temporada proyectado para conseguir aproximadamente 90 victorias, pero llegó al 27 de agosto con récord de 60-73, último lugar de la División Este de la Liga Nacional y 11.5 juegos detrás del último comodín.
Juan Soto no fue el principal responsable del fracaso. El dominicano bateó para .283, con porcentaje de embasado de .408, slugging de .539, 21 cuadrangulares y 52 carreras impulsadas. Su producción continuó siendo de nivel estelar cuando estuvo disponible.
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El primer problema fue precisamente su ausencia. Soto sufrió una lesión en la pantorrilla derecha durante abril y volvió a ingresar a la lista de lesionados por una distensión en la izquierda el 25 de julio. Desde entonces no disputa un partido, aunque ya comenzó a realizar prácticas de bateo.
La reconstrucción de la plantilla tampoco produjo el resultado esperado. Los Mets dejaron salir a Pete Alonso y Edwin Díaz, además de desprenderse de Brandon Nimmo y Jeff McNeil. Bo Bichette, Marcus Semien y Jorge Polanco comenzaron lentamente, dejando a la ofensiva excesivamente dependiente de Soto y Francisco Lindor.
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El pitcheo profundizó los problemas. Freddy Peralta no consiguió convertirse en el as esperado, Clay Holmes sufrió una fractura en la pierna y Kodai Senga terminó trabajando como relevista. El equipo ha permitido 596 carreras y solamente anotó 550, una diferencia negativa de 46.
Las lesiones también alcanzaron a Lindor, Semien, Luis Robert Jr., Francisco Álvarez y Mark Vientos. El núcleo principal casi nunca estuvo disponible al mismo tiempo, mientras las alternativas no consiguieron mantener al equipo competitivo durante las ausencias.
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La crisis provocó la salida de Carlos Mendoza cuando los Mets tenían marca de 34-47. Andy Green asumió de manera interina y la organización terminó vendiendo jugadores antes del cierre del mercado, una decisión que confirmó que el proyecto de 2026 había quedado reducido a evaluar piezas para el futuro.
La temporada no demuestra que la apuesta por Soto haya sido equivocada, pero sí expuso la fragilidad del equipo construido a su alrededor. Los Mets necesitarán mayor profundidad ofensiva, abridores confiables y una plantilla menos vulnerable a las lesiones para evitar desperdiciar otro año de su principal figura.