Por Irex Erao
El Estadio Azteca será el primer inmueble deportivo en ser tres veces anfitrión de una Copa del Mundo, un símbolo del fútbol. Sin embargo, hay un problema, la remodelación no quedará lista para la inauguración de la Copa del Mundo y hay varias razones de ello:
Primero, lo más importante y lo que detonó todo: los permisos no llegaron a tiempo.
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La obra no empezó tarde por falta de dinero. Empezó tarde por retrasos gubernamentales. Y en un proyecto de este tamaño, eso lo cambia todo.
Alrededor del Estadio Azteca, en la zona de Santa Úrsula, los vecinos comenzaron a inconformarse y a cuestionar el impacto de la remodelación:
Más tráfico.
Más ruido.
Más eventos.
Más presión urbana.
Y cuando eso ocurre, el proceso deja de ser sólo técnico… y se vuelve político.
Porque entonces las autoridades no solo revisan planos; también gestionan la presión social.
No es que los vecinos hayan detenido la obra directamente, pero sí generan un entorno donde: los permisos se revisan más, los tiempos se alargan y las decisiones se vuelven más cuidadosas.
Ese es sólo el primer factor, porque cuando por fin llegaron los permisos, se enfrentaron a un problema igual de grande, la falta de mantenimiento que ha tenido el Azteca en sus casi 60 años de vida.
Cuando empiezas a intervenir una estructura así, aparece lo inevitable:
Instalaciones viejas.
Zonas que requieren refuerzos.
Problemas que no estaban en los planos.
En otras palabras: primero tienes que arreglar el pasado… antes de reconstruir el futuro.
Pero hay un tercer elemento que explica mucho mejor la complejidad del proceso, y que conecta directamente con el negocio del Mundial: los palcos.
El Azteca es un estadio del siglo XX operando en el negocio del siglo XXI. Durante décadas vendió palcos a perpetuidad. Hoy existen cientos de propietarios con derechos sobre partes del estadio.
Y eso choca directamente con las exigencias de la FIFA.
Porque en un Mundial, la FIFA no solo organiza partidos. Controla absolutamente todo:
– Boletos.
– Publicidad.
– Hospitalidad.
– Experiencias VIP.
Y ahí está el verdadero dinero.
Pero si esos espacios ya tienen dueño, el estadio no puede simplemente entregarlos. Tiene que negociar. Compensar. Reubicar. O incluso rediseñar zonas completas.
Y todo eso, otra vez, toma tiempo, tiempo que el Azteca ya no tenía.
Y aquí es donde entra el factor que termina de explicar por qué todo se siente tan apretado: el dinero.
¿Opiniones?🔥😱 El estadio Azteca ya está listo para su reapertura 👀
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— Unanimo Deportes (@UnanimoDeportes) March 24, 2026
La remodelación se apoya en un crédito cercano a $112 millones de dólares otorgados por Banorte, a 12 años. Eso significa que el estadio no solo tiene que estar listo para 2026… tiene que convertirse en un negocio rentable para la siguiente década.
Y eso cambia completamente la lógica del proyecto.
Porque el Mundial dura un mes, mientras la deuda 12 años.
Entonces, el Azteca no sólo está tratando de cumplir con la FIFA, está intentando transformarse mientras respeta contratos antiguos, resuelve temas legales y construye un nuevo modelo de negocio.
Todo al mismo tiempo.
Además, hay un detalle que resume bien la paradoja: durante el Mundial, el estadio ni siquiera se llamará Azteca. Ni Banorte.
Por reglamento de la FIFA, será “Estadio Ciudad de México”.
Es decir, el evento más importante del fútbol no va a promover ni la historia del estadio… ni su nuevo nombre comercial.
Y eso deja claro algo:
El Mundial no es el negocio. Es la excusa.
La verdadera apuesta está en lo que viene después.
En cuántos eventos puede albergar.
En cuántos equipos pueden jugar ahí.
En cuánto puede monetizar cada asiento.
Por eso no sorprende que se contemple un modelo con más actividad, donde el Club América no sea el único protagonista y equipos como Cruz Azul y Atlante vuelvan a formar parte del ecosistema del estadio.
No es una decisión deportiva. Es una decisión financiera.
Porque un estadio de 80 mil personas no puede vivir de 20 partidos al año.
Necesita más de 50 eventos al año.
Y esa es la transformación real.
La pregunta no es si llegará al Mundial.
La pregunta es si, después del Mundial, estará listo para el negocio que realmente importa.
Porque en el fútbol moderno, los partidos duran 90 minutos… pero las decisiones que importan, duran décadas.
Irex Erao Saldaña es mercadólogo, creador de contenido y académico mexicano, reconocido por su análisis de la industria del fútbol a través del proyecto “Aldea Fútbol” en plataformas como TikTok e Instagram. Forma parte del Centro Astronómico Clavius de la IBERO y es especialista en comunicación y producción audiovisual