Por Ramiro E. López San Juan
Conocí el mar y el fútbol en Veracruz, México. Fue en la mítica y bullangera cancha del estadio Luis “Pirata” Fuente donde vi rodar por primera vez el balón, acompañado de mi familia y de cientos de desconocidos que nos hermanábamos por la pasión de un deporte que comunica mucho, pero pocas veces indiferencia.
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En paralelo, al ser un niño jarocho nacido en la década de los 80’s, conocí el mar a pocos kilómetros de distancia, vía el Golfo de México y con la Isla de Sacrificios en el horizonte. Crecer en “la puerta de México” y vivir el fútbol a finales de los 80´s y principios de los 90´s irremediablemente conectaba con el equipo local de los Tiburones Rojos, así como con la emblemática la “Tiburomanía” que fue tan grande y a la vez intermitente como las olas que golpean la fortaleza de San Juan de Ulúa.
Los colores rojo y azul, el escudo con la entrañable posición del tiburón que para muchos es el diseño definitivo y el cardumen de aficionados que cada 15 días abarrotaba la plaza y se hacía sentir con más peso que goles en la portería contraria. Toda esa mística que al inicio de cada semana se socializaba en las conversaciones de los cafés, las discusiones con el peluquero o taxista, las portadas de los periódicos y las “retas” en los patios de las escuelas. Ese anhelo de meter el gol ganador a lo Jorge Comas o lanzarse como el portero Adolfo Ríos, ataviado con su icónico pants y pulcro corte de pelo, era un deseo de chicos y grandes en Veracruz.
Sin embargo, esa efervescencia que muchos y yo vivimos no provenía del que ahora llaman fútbol de selecciones. Por ello, agradezco a la línea de tiempo y espacio que me hizo coincidir con la ciudad, el fenómeno social y el equipo escualo de aquellas temporadas.
Cuando fue el Mundial de México 86, debido a mi escasa edad y todavía menor conciencia, no tengo recuerdo y registro de ese evento histórico que vivió el país. De hecho, a raíz del anuncio en 2018 que la sede de la Copa del Mundo en 2026 sería compartida entre Canadá, Estados Unidos y México, superando el hito de Corea y Japón de 2002, mi obsesión personal desde entonces es preguntar a hombres y mujeres por igual, pero de mayor edad, qué es lo que recuerdan de aquella justa mundialista que culminó con la Argentina de Burruchaga, Valdano y Maradona alzando el trofeo.
El mundo juega al fútbol. 86 días.⚽️❤️#CopaMundialFIFA pic.twitter.com/m4FTefLH2R
— Copa Mundial FIFA 🏆 (@fifaworldcup_es) March 17, 2026
En esta obsesión me he encontrado respuestas de todo tipo, unas centradas y sesgadas totalmente por lo visto en las transmisiones televisivas y repetidas sin contexto en plataformas digitales y otras con el agridulce recuerdo que fue el Mundial en el cual nuestra Selección Mexicana varonil estuvo más cerca de lograr el pase a las Semifinales, cayendo el estadio Universitario con ubicación exacta en San Nicolás de los Garza, Nuevo León.
Las respuestas más chistosas están ligadas con el otrora inolvidable comercial de cerveza que con solo 20 segundos capturó la atención y los ojos libidinosos de varias generaciones, no por algo, a las mujeres de escote pronunciado se les dijo por muchos años que eran como “La Chiquitbum”. Los tiempos han cambiado, ustedes decidan si para mejorar, o no. En el mismo orden de ideas, estoy convencido que el mayor aporte de México al fútbol mundial es hacer la ola en el estadio, si bien algunos aseguran que no empezó aquí, fue en el 86 donde se consolidó y se vinculó para siempre en el colectivo.
Entre estas experiencias y muchas más, vamos nadando para llegar a la orilla del partido inaugural entre México y Sudáfrica, para algunos el partido de vuelta y revancha del empate de 2010. Si bien el sesgo de las redes sociales nos da la percepción que hay pocas expectativas deportivas y desanimo ante el accionar de los 11 de nuestra tribu, estoy convencido que una vez que caiga el primer gol y triunfo de México, la ola de emoción, euforia y expectativa será alta.
¿Demasiado positivo? Tal vez sí, tal vez no. De lo que sí estoy seguro es que desde Veracruz veré el primer gol de México, nuevamente en el estadio Azteca, y haré la ola desde el Golfo de México junto con toda la nación tricolor.
Ramiro E. López San Juan es estratega de Comunicación con experiencia en desarrollo de contenidos, Social Media y Comunicación Corporativa. Con formación académica en la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación (Universidad Cristóbal Colón, 2004) y Maestría en Comunicación Política (The University of Sheffield, 2012).
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