El Clásico Mundial de Béisbol ya entró en su zona más difícil y todo se reduce a matar o morir. Se acabó la fase de grupos y el torneo se convierte en eliminación directa con ocho selecciones vivas y una lista que mete presión por nombres y por contexto. Japón, campeón vigente, llegó invicto; Estados Unidos juega con el peso de la casa; y del otro lado aparecen rivales con béisbol de alto voltaje como Venezuela, Puerto Rico e Italia, que también pasaron factura en el pool play.
Y por eso la pregunta es válida: ¿quién es el equipo al que nadie quiere cruzarse “demasiado pronto”? Porque una cosa es el prestigio, y otra es llegar a cuartos con un lineup capaz de volarte el partido con dos swings… y con la confianza de haber dominado su grupo sin pedir permiso. El escenario ya está montado: cuartos entre viernes y sábado, con cruces que no dan respiro y con el margen de error reducido a un inning malo.
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La respuesta, y aunque muchos no la digan en voz alta hasta ahora, es República Dominicana. Esta selección cerró el pool play perfecta (4-0) y remató con un 7-5 ante Venezuela a puro fuegos artificiales: cuatro jonrones (Soto, Ketel Marte, Vladimir Guerrero Jr. y Fernando Tatis Jr.) en un estadio reventado con 36,230 aficionados. Y hay un dato que asusta de verdad: Dominicana terminó la fase de grupos con 13 cuadrangulares, el máximo del torneo y un récord histórico para un equipo del WBC en sus primeros cuatro juegos.
El punto no es solo que pegan; es cómo pegan y cuántos pueden hacerlo. Albert Pujols, que los dirige en este Clásico, lo resumió sin rodeos y cree que este roster puede ser “el mejor lineup” que ha tenido Dominicana en la historia del torneo. En ese orden aparecen piezas que cualquier manager del mundo firmaría: Tatis, Soto, Vlad Jr., Machado, y una segunda ola igual de peligrosa con nombres como Julio Rodríguez y Junior Caminero, lo que convierte cada turno al bate en un problema distinto.
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Ahora viene el examen que define si el miedo estaba justificado: Dominicana se cruza con Corea este viernes (6:30 p.m. ET) en Miami, en un juego donde el rival sabe que no puede regalar nada, porque este equipo castiga el mínimo error con una velocidad brutal. Y ahí está la “razón secreta” por la que hoy son el rival a vencer.