La renuncia de Marcelo Gallardo en River no se explica por un solo golpe, sino por una suma de factores que se venían acumulando y que terminaron de explotar tras la derrota, el pasado domingo, ante Vélez. El “Muñeco” anunció su salida en un video oficial y dirigirá su último partido el jueves frente a Banfield, con un mensaje atravesado por la frustración de no haber cumplido los objetivos que se habían trazado en este segundo ciclo.
“Espero de todo corazón, que a esta institución que ha crecido enormemente en los últimos años, una institución modelo en toda la región, próximamente la puedan encontrar con buenos resultados, para engrandecer todavía más lo que significa River en el mundo”, dijo Gallardo en su despedida. Pero, ¿qué lo motivó a irse? Te presentamos cinco razones.
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1. La racha negativa que volvió indefendible el presente
El 0-1 con Vélez fue el quiebre inmediato: River llegó a esa noche con números que ya eran demasiado pesados para un DT de su historia (12 derrotas en los últimos 20 partidos) y con el Apertura complicándose desde temprano. Ese contexto aceleró la sensación de “punto final”.
2. Un equipo sin funcionamiento, más allá del resultado
En el análisis del día después aparece un concepto repetido: River no solo perdía, sino que no encontraba un funcionamiento convincente. Incluso en la cobertura se remarca que el juego preocupaba tanto o más que los marcadores, como si el equipo hubiera dejado de ofrecer señales claras de hacia dónde iba.
Un mensaje de Marcelo Gallardo para todos los hinchas de River 🤍❤️🤍 pic.twitter.com/byDSJdcnOY
— River Plate (@RiverPlate) February 24, 2026
3. Objetivos grandes incumplidos en el segundo ciclo
La vara con Gallardo siempre es altísima, pero en esta etapa los hitos no aparecieron: River no ganó títulos, quedó marcado por una final perdida (Supercopa Internacional) y tampoco logró sostener el peso internacional que se esperaba (eliminaciones y un recorrido por debajo de lo exigido). Para un entrenador de su calibre, esa cuenta pendiente suele ser determinante.
4. Refuerzos y armado del plantel: inversión fuerte, respuesta floja.
River invirtió mucho y el plantel se construyó con apellidos para “cambiar la cara”, pero el rendimiento no acompañó: se señala un equipo descompensado y lejos de su mejor versión, y también que los refuerzos que ilusionaban todavía no estuvieron a la altura del impacto esperado.
5. Desgaste emocional y la percepción de que no iba a poder revertirlo
En su despedida, Gallardo habló desde un lugar muy humano: “me invade la emoción y el dolor” por no cumplir los objetivos. Venía de días con ruido alrededor, silencio post partido y una crisis que ya lo obligaba a sostenerse más desde la convicción que desde el fútbol. Cuando un DT de su talla siente que el mensaje ya no gira la rueda, suele tomar la decisión antes de que lo empujen.