Bad Bunny convierte el Super Bowl LX en una celebración boricua
El ambiente en el Levi’s Stadium de Santa Clara se transformó este domingo en un auténtico homenaje a Puerto Rico. Miles de aficionados llegaron ataviados con pavas, banderas boricuas y camisetas con frases icónicas, listos no solo para apoyar a su equipo favorito, sino para presenciar el momento histórico en el que Bad Bunny llevaría el español al escenario más visto del deporte estadounidense.
Un Super Bowl que “pasará a la historia”
Para muchos asistentes, el encuentro entre Patriots y Seahawks quedó en segundo plano. La verdadera expectativa giraba en torno al espectáculo de medio tiempo.
“Es un juego que pasará a la historia; es fundamental para que la gente aprecie otras culturas. Esto es mucho más grande que un simple espectáculo de medio tiempo”, expresó Rita, una aficionada que confesó haber viajado exclusivamente para ver al artista puertorriqueño.
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Entre jerseys de New England y Seattle, las banderas de Puerto Rico ondeaban con fuerza, convirtiéndose en un símbolo dominante entre la multitud.
Orgullo y representación en cada rincón del estadio
Duen, puertorriqueño residente en Seattle, llegó preparado para la ocasión: una bandera boricua en el cuello y la camiseta de los Seahawks debajo. Sobre su cabeza, una pava jíbara, el clásico sombrero hecho de palma que identifica la tradición puertorriqueña.
“Bad Bunny es el representante de nuestro corazón boricua… Él habla al corazón puertorriqueño y, de alguna forma, es el mismo corazón que todo el mundo tiene” —explicó emocionado.
Para muchos, la presencia del Conejo Malo en el Super Bowl LX significa un reconocimiento global a la cultura latina, un momento que trasciende el deporte.
Un espectáculo diseñado para brillar
Sobre cada butaca del estadio, con capacidad para 68.500 personas, descansaba un collar en forma de balón iluminado, listo para activarse durante el show. El público, sincronizado por luces y colores, acompañaría cada pulso, cada verso y cada ritmo que Bad Bunny marcara desde el escenario.
Todo estaba preparado para que el Super Bowl LX se convirtiera no solo en un evento deportivo, sino en una celebración cultural sin precedentes.