Lo que prometía ser uno de los regresos más esperados en la historia de las artes marciales mixtas terminó convirtiéndose en una auténtica pesadilla. Después de más de cinco años alejado del octágono, Conor McGregor volvió a competir en el combate estelar de UFC 329 frente a Max Holloway, pero su regreso terminó de la peor manera posible: una grave lesión en la rodilla derecha puso fin a la pelea cuando apenas habían transcurrido 69 segundos.
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El irlandés llegaba a Las Vegas con la intención de demostrar que todavía podía competir entre la élite de la UFC. Durante los últimos años atravesó uno de los periodos más complicados de su carrera. En 2021 sufrió una aparatosa fractura de tibia en su combate contra Dustin Poirier, una lesión que lo mantuvo fuera de acción por un largo tiempo. Cuando parecía listo para volver en 2024 frente a Michael Chandler, una nueva lesión obligó a cancelar el combate, retrasando nuevamente su esperado regreso.
Por ello, la pelea ante Holloway representaba mucho más que un simple combate. Era la oportunidad para recuperar protagonismo dentro de la compañía, demostrar que seguía siendo una de las grandes figuras del deporte y volver a encaminar su carrera rumbo a una posible oportunidad por el campeonato. Incluso, su equipo aseguró que McGregor había completado una preparación física y mental sin inconvenientes y que no presentaba ninguna molestia previa en la rodilla.
Sin embargo, todo cambió en cuestión de segundos. Apenas iniciado el primer asalto, McGregor intentó sorprender a Holloway con una patada en salto. Al caer, apoyó de forma incorrecta la pierna derecha y de inmediato mostró evidentes gestos de dolor. Aunque trató de reincorporarse para continuar el combate, la rodilla ya no respondió y perdió completamente la estabilidad, obligando al árbitro a detener las acciones y decretar la victoria de Max Holloway por nocaut técnico.
Las imágenes dieron rápidamente la vuelta al mundo y encendieron las alarmas entre los aficionados, quienes recordaron la dramática lesión que el propio McGregor sufrió hace apenas unos años. Horas después, los primeros reportes médicos confirmaron que el irlandés habría sufrido una rotura del ligamento cruzado anterior, una de las lesiones más complejas para cualquier atleta profesional y que suele requerir cirugía, además de un proceso de recuperación que puede extenderse entre nueve y doce meses.
Tras abandonar la arena, el propio McGregor confirmó a través de sus redes sociales que deberá someterse a una intervención quirúrgica antes de iniciar un nuevo proceso de rehabilitación. A pesar del duro golpe, el excampeón de peso pluma y peso ligero aseguró que no piensa poner fin a su carrera y reiteró su intención de regresar para disputar la última pelea que aún tiene contemplada en su contrato con la UFC.
A sus 38 años, el futuro de Conor McGregor vuelve a quedar rodeado de incertidumbre. El peleador más mediático en la historia de las artes marciales mixtas deberá enfrentar, una vez más, una larga recuperación antes de pensar en un nuevo regreso al octágono.
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- Daniel Menocal Maldonado